Siempre he querido que mi trabajo tenga una linea continua y clara de lo que hago, pero eso nunca me ha dado mucho resultado. Tal vez, porque yo misma soy una mezcla de muchas actividades y perfiles que me definen y con los que me identifico. Y como todx ser humanx, corro contra el tiempo entre trabajo y vida para buscar un resto de día (o noche) para pensar a solas con mis manos y mis ojos. Todas estas materializaciones representan de algún modo precisamente eso mismo, que estoy apurada porque mi tiempo se siente muy corto. Mi trabajo es también mi tiempo, y por tanto, aquello que hago es todo lo que tengo entre las manos.

 

Mi trabajo transita usualmente entre lo digital y lo manual, si bien no siempre en su estado acabado, al menos siempre en su proceso, vive en un constante ir y venir y mi sensación es que más bien no es ni lo uno ni lo otro. Procuro que mis piezas se desarrollen siempre en el marco de mis posibilidades manuales de construcción y las posibilidades técnicas que domino, todos mis esfuerzos (digitales y análogos) confluyen en realizaciones materiales que tienen la apariencia de elaboraciones sencillas.

 

Los procesos industrializados que nos han arrebatado ya el gusto por la laboriosidad y con ella la gratificación que nos produce hacer algo por el placer de hacerlo, imputándonos la eficiencia como principio. Lo han hecho con la ornamentación y con la escala de producción artesanal; y hoy las tecnologías digitales se aproximan como entidades que amenazan constantemente con la idea de su suficiencia para reemplazar nuestras habilidades humanas por cálculos precisos o aleatorios, infinitamente más eficientes que nuestras capacidades. 

Mi práctica se interesa por aquellos procesos digitales que me obligan a trabajar desde la virtualidad hacia la materialización, procesos que son una suerte de eventos de transmutación desde un modelo nacido en la virtualidad a un modelo tangible, asible, el que dejando su estado virtual en pausa, se erige en un mundo material regido por leyes y límites materiales. 

En el marco de un mundo que anhela la hiper-eficiencia y la hiper-productivdad como valores de vida,

quiero que, tanto mis elaboraciones como mi trabajo de vida, ofrezcan cierta resistencia a esa funcionalidad tan bien vista en estos tiempos.

Pienso en la artesanía digital como un espacio para volver a imaginar y pensar, tomándonos tiempo en elaborar.